martes

Transformador.

Lo volví a lograr. Cogí una flor de mi pecho; tal vez la mas bella*; soplé sobre ella, la moldee con ambas manos; movimientos firmes y precisos; le bordé los bordes con palabras recién horneadas, dancé a su alrededor como un ángel ebrio, la cubrí con la luz de tres amaneceres y por fin, obra concluida, enraizado en mi esófago echaba su aroma un puñal de oxido y carcoma.

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